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Discurso Premio Príncipe de
Asturias
Fue una gran sorpresa y un honor aún mayor enterarme de
que se me había galardonado con el Premio Príncipe
de Asturias de la Concordia.
Desde luego mi intención no fue ni enseñar ni predicar
a los niños. De hecho, creo que salvo raras excepciones,
las obras de ficción infantil sufren si el autor o autora
está más interesado en instruir a sus lectores que
en cautivarlos con un cuento. Sin embargo, siempre he creído
que los libros de Harry Potter son altamente morales. Quise representar
las ambigüedades de una sociedad donde la intolerancia, la
crueldad, la hipocresía y la corrupción abundan, para
demostrar mejor lo heroico que es, cualquiera que sea tu edad, luchar
en una batalla que nunca se ganará. Y también quise
reflejar el hecho de que la vida entre los once y los diecisiete
años puede ser difícil y confusa, aún estando
armado con una varita mágica.
Hace treinta y dos años que escribo cuentos y nunca he querido
ser otra cosa que una escritora. De niña me perdía
en mis libros, que eran algo fundamental para mí, y mi apreciación
de su importancia ha aumentado con el tiempo. Los niños necesitan
cuentos porque necesitan probar sus imaginaciones, probar por sí
mismos las ideas de otras personas, ocupar otras vidas, enviar sus
mentes a donde sus cuerpos aún no tienen la madurez para
ir. No hay película, programa de televisión, juego
de ordenador ni videojuego que pueda repetir nunca la magia que
existe cuando la imaginación del lector se encuentra con
la del autor para crear un reino único y privado.
Para mí, el Premio Príncipe de Asturias es muy significativo,
ya que celebra aquel aspecto del éxito de los libros del
cual yo estoy más orgullosa: el hecho de que tantos niños,
provenientes de condiciones y circunstancias tan distintas, hayan
elegido acompañar a Harry en sus cinco años en Hogwarts.
Por lo tanto, donaré el dinero del Premio al Fondo para Países
en Vías de Desarrollo de la Asociación de Lectura
Internacional que promueve la alfabetización en todo el mundo.
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