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El Estigma de las
Sombras
Prólogo
A Principios del siglo XIX la humanidad muggle sufría
una serie de cambios políticos y de pensamiento. Además,
se habían producido una serie de descubrimientos científicos
e industriales, que habían potenciado su población
y vidas. Mientras, los otros humanos, por cuya sangre corría
la magia, se habían mantenido al margen de ellos, y así
lo pensaban seguir haciendo.
A lo largo de la historia, los hechiceros y magos habían
dado cuenta de borrar las memorias de aquéllos que no debían
recordar, de eliminar pruebas que no debían ver, y solucionar
problemas que no debían conocer. Ambas civilizaciones convivían
en paz, aunque una de ellas no conocía la otra, ni debía
conocerla, por el bien de las dos.
Sin embargo, en el pasado habían muerto inocentes, por
ambos bandos, y en la actualidad, aún había algunos
que guardaban un rencor que no era saciable con el tiempo, un rencor,
que podría poner en peligro la estabilidad de la convivencia…
Hogwarts. 12 de Enero de 1826.
En la torre de Griffindor se habían oído pasos, los
estudiantes de primero y segundo estaban levantados. Y lentamente
iba cundiendo la curiosidad en el resto de la torre. En ese año
los de primero estaban en el primer piso, y dos de ellos, Henry
y Kate, habían salido a curiosear esa noche, como otras tantas.
No sabían que esa noche, sería la última para
ellos.
-¿Ves algo, Kate? –Dijo Henry, mientras trataba de
iluminar el pasadizo con su varita.
-No, pero el ruido parecía venir de aquí, estoy segura…
-Decía, mientras no cesaba en andar iluminando el pasadizo.
Unos pasos veloces se oyeron en su retaguardia. Sus corazones se
nublaron de pánico, una sensación nunca experimentada,
ni cuando la señorita Hermanza, les había pillado
haciendo novillos. Pero esa vez era muy distinta, sus corazones
empezaron a sentir frío.
No pudieron Gritar. No pudieron siquiera percibir su muerte.
Sus varitas dejaron de hacer luz, sus corazones dejaron de latir.
Alguien pasó entre los cadáveres. Y balbuceó
algo, que no parecía de tristeza precisamente. Y tras soltar
un par de maldiciones, siguió corriendo aunque silenciosamente.
Los estudiantes de primero gritaron al hallar los cuerpos de sus
compañeros, toda la torre de Griffindor se había percatado
ya del suceso. Era el caos.
El señor Houth, conserje, calmaba a los muchachos diciéndoles
que ya habían capturado al asesino, y que pagaría
por sus crímenes. Y así fue, el director del colegio,
el gran mago Dumblephar, había sometido al intruso. Varios
profesores se hallaban a su alrededor, mientras otra iba a llamar
a Azkaban.
-Temper, ve a buscar la poción de la verdad. Este no ha
entrado sólo a asesinar gente, tiene que tener algún
móvil, y le descubriremos, antes de que pueda pudrirse en
paz junto a los Dementores. – Dijo el director, mientras examinaba
la Varita del asesino, que parecía una especie de daga con
un dragón estampado en su filo.
-Las defensas de esta mugrienta escuela son más poderosas
de lo que recordaba, o tal vez es que las habéis mejorado…
- Decía el intruso, mientras intentaba volver a levantarse-
Je, he fracasado, pero no podréis estar a salva una segunda
vez…
Los profesores usaron una cuerda mágica para atar al asesino,
y antes de que terminaran de hacerlo, el profesor de pociones ya
había traído la solicitada. Le obligaron a tragársela,
y luego empezaron a preguntar al asesino.
-Dinos, qué hacías aquí. –Inquirió
Dumblephar.
-No lo sé. –Dijo, y empezó a saltar en carcajadas.
. Qué ilusos, ¿os creéis que con esta miserable
poción podéis hallar todas las respuestas?
Le obligaron a tragar mucha más cantidad de la pócima,
aunque el director sabía que no había conjuro ni poción
alguna que pudiera repeler los efectos de esa, no era concebible.
Al menos para su sabiduría, que era enorme.
-Te lo repetiré una vez más. Dinos qué hacías
aquí. Cuáles eran tus objetivos. Y con quién
estás.
El preso saltó de nuevo en carcajadas, pues parecía
no saber ninguna de las respuestas.
-Dinos, cómo conseguiste entran en la escuela. –Siguió
preguntando el director, seguro de que alguna respuesta debería
contestar.
-Yo… tenía un pergamino, en el que estaban escritas
todos mis objetivos y encargos, lo leí antes de entrar, seguí
sus instrucciones. Pero me di cuenta de que las cosas no eran como
debían ser. Supe en ese momento, que no tenía escapatoria,
así que leí el la última frase del pergamino,
que era como habéis visto, ¡hacerme olvidar lo leído!
-Imposible, los pergaminos son capaces con un conjuro de contingencia,
de poder generar conjuros de corto plazo, pero nunca se podría
eliminar tanta memoria de alguien… no es posible –Decía
Richard, el profesor de defensa contra las artes oscuras.
-No es posible, pero sí es posible que quienes le manden,
previeran un probable fracaso de la misión, así que
le borraron toda la memoria que no debía recordar antes de
mandarlo, y le dejaron un pergamino ad hoc a sus objetivos, en el
cual se le debía explicar lo que hacer en caso de fallo.
–Reflexionaba Dumblephar.- Un pergamino no puede tener más
de un conjuro contenido, por lo que no puede haber desaparecido.
Y aún cuando desaparezca su escrito tras unas horas de su
creación, debe poder sacarse a la luz de nuevo. Cogedlo e
intentad hallar las respuestas.
-Cuando lo hagáis, probablemente será tarde. Y lo
sabes, viejo. –Dijo el asesino.
El director, y poderosísimo mago no respondió al
momento, usó su varita en un instante para dormir al asesino.
Y luego sentenció. –Eso ya lo veremos. Tú has
fracasado, nosotros no.
El día siguiente Hogwarts estuvo de luto por las muertes
de siete estudiantes y dos profesores. En el gran comedor, los diarios
de El Profeta mostraban la entrada del asesino desconocido en Azkaban,
rodeado de hambrientos dementores. Los de Griffindor habían
perdido a dos compañeros. Ravenclaw a 4, y Hufflepuf a 1.
Además el profesor de Historia de la magia, era historia…
y la de adivinación, no había previsto su muerte.
Hubo algunos que acusaron a los de Slytherin de engendrar a gente
como la que apareció ayer en Hogwarts, pues ninguno de sus
estudiantes había sido asesinado.
Se olvidaban que los de Slytherin ese año residían
en las mazmorras oeste, una zona en la que no había nada
de interés, y que no coincidió con la ruta del asesino.
Pero la reputación de algunos, se sobrepone a los demás.
A decenas de millas de distancia, tres sombras oscurecían
el suelo de una gran cima helada. Tres figuras encapuchadas y vestidas
con túnicas negras como el más lúgubre de los
azabaches.
-Yernal ha fallado. –Dijo la figura de la izquierda.
-Era de esperar, pero debíamos intentarlo de todos modos.
–Sentenció la del medio.
-¿Piensas sacarle como le prometiste? – Inquirió
la de la derecha.
-¿Acaso recuerda él esa promesa? – Dijo, tras
soltar una carcajada maliciosa- Veremos si le sacamos, después
de que hayamos cumplido con nuestra misión…
-Aún habiendo borrado lo necesario de su memoria, sería
más sensato intentar destruir el pergamino, tarde o temprano
lo llevarán ante los investigadores de la Torre de Faryel,
y sabes que ese gaznate engreído puede desvelar el texto.
–Dijo de nuevo la de la derecha, que tenía una voz
más grave que las demás.
-Bueno, pero sabes que Dumblephar se toma las cosas muy apecho,
ya deberías conocerle… no hablará del pergamino.
Intentará descifrarlo por su cuenta. Y cuando lo haya hecho….
Será tarde para él. –Soltó de nuevo una
carcajada, esta vez más divertida.
-Me encanta que te tomes las cosas con tanto optimismo, Glothery.
–Dijo su compañera de la izquierda, mientras reía
al compas.- Por eso voy contigo después de todo…
Las tres figuras se quitaron la capucha, mostraron unos rostros
jóvenes, pocos años más de veinte… dos
mujeres y un hombre. La mujer del centro tenía el pelo oscuro,
recogido en una cola que le caía por la espalda, y varios
mechones que le cubrían algunas zonas de su rostro. Aparentemente
no parecía tener nada anormal.
La joven de la izquierda en cambio, era rubia, y tenía el
pelo algo corto, pero suelto. Tenía los ojos verdes, y una
sonrisa de oreja a oreja que no podía quitarse de la cara,
realmente era un rostro bello, pero inquietante.
Por otra parte, el joven de la derecha, era un chico de pelo oscuro
rojizo, corto, y erizado. Tenía un rostro serio, y parecía
algo molesto.
La brisa les obligó a entrecerrar los ojos de nuevo. Mientras
Glothery levantaba su mano de la cual sacó una extraña
varita de forma curvada y llena de marcas arcanas, y dijo a sus
compañeros.
-Vamos pues… Márevar, Shavkan. Tenemos una misión
importante que cumplir… - Dijo, y seguidamente pronunció
una palabra de activación- ¡Mobilis Ostium!
Una brecha apareció en frente de ellos, y se abrió,
dejando ver una especie de habitáculo al otro lado…
una sala oscura, iluminada por un par de antorchas…
-Comienza el juego… ¡qué emoción! –Dijo
Márevar.
-Qué remedio… - Sentenció Shavkan en voz baja.
-Es el momento, la justicia pronto estará sobre la mesa.
Vamos.
Los tres saltaron hacia el interior del portal, y éste desapareció
en ese mismo instante. Las tres sombras empezaron su cruzada.
Otra oscura noticia ganaría la portada del Profeta el día
siguiente.
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fic entero.
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