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El Obsequio del Rey sin Corona

I

La muerte camina conmigo

Harry Potter no pudo abandonar la la horrible sensación de frío que lo acompañó desde la noche en que volvió de Hogwarts. En su mente, el recuerdo de la blanca tumba de Dumbledore borraba todo lo demas. Perdió el contacto con la realidad y hasta con su propio cuerpo. Necesidades tan triviales como comer y beber no le parecían importantes. Las bandejas de comida iban y venían un dia tras otro sin que él las tocara, ante el horror de sus tios... aterrorizados a la sola idea de que en cualquier momento alguno de sus amigos se apareciera por ahi culpandoles por dejarlo morir de hambre.

Pero Harry no parecia pertenecer a ese planeta. Seguia teniendo la mirada perdida en algun punto imaginario, ajeno a todo. El contenido de su baúl se encontraba esparcido por doquier. Hedwig le daba cariñosas picoteadas en la mano tratando envano de llamar su atención, pero él se limitaba a ofrecerle el contenido de los platos que no probó.

La cantidad de migas y suciedad aumentaba en el cuarto dia a dia ante el horror de la tia Petunia sin que él hiciera el menor esfuerzo para reaccionar.

Harry no supo jamás cuantas horas o dias pasó encerrado e ese cuarto. Hecho una bolita entre las colchas de su cama, focalizó claramente el único pensamiento que, esperaba, lo mantendría cuerdo en los dias y los meses que vendrían: juró que nadie mas se interpondría entre él y Voldemort.

No lo asustaba la idea de su propia muerte. Lo aterrorizaba mucho mas la prespectiva de separarse de otro ser querido. Porque la sensación de vacío se agrandaba mas a cada perdida.

La muerte caminaba con él a cada paso, y como un angel negro y silencioso parecía marcar el compás de su existencia. El amor de sus seres queridos lo habia protegido, quizás, de la muerte corporál. Pero la sensación de derrota se agrandaba mas a cada perdida.

Lo aterrorizaba la idea de quedarse dormido. En sus sueños, seguia merodeando por un jardin lleno de blancas tumbas donde los nombres de Ginny, Ron, Hermione, Neville; Lupin seguian apareciendo ante sus ojos, en un mácabro y silencioso desfile. Cada vez despertaba sintiendo que el vacío a su alrededor se agrandaba mas y mas.

Entro de un mes cumpliría 17 años. Sería considerado un adulto, con todas las responsabilidades que eso conllevaba.
Ser quien era lo obligaba a llevar una carga demasiado pesada sobre sus hombros, desde los 11 años. Desde que una profecía trazó el curso de su vida enlazandola fuertemente al destino del mundo mágico, demasiada gente se interpuso entre él y su destino, para regalarle otro dia... otro año mas.

Pero ¿A que precio?

Una parte de él se desgarró ese dia, quedó entrerrada debajo de esa lápida.

En las últimas horas, Harry supo lo que significaba odiar con toda su alma.

En eso, Voldemort cumplió su deseo.

Dumbledore fue asesinado para quebrar cada dia un poco mas su espiritu. Voldemort sabía que la verdadera fuerza de su mortal enemigo era esa alma que a pesar de tantos sufrimientos permaneció incorrupta. La profecía pesaba sobre él como la espada de Damocles. Se vió obigado a aceptar lo que se venía como algo inevitable, para mantener a salvo sus amigos, y con ellos el mundo que conocía y amaba.

Y aunque su maestro no estaba mas allí para aconsejarle, y Harry se sentía mas como un niño perdido que como un guerrero listo a la batalla, cumpiría con su deber. Era necesario elegír entre lo que era justo, y lo que era fácil.

Se preguntaba: ¿de que sirvió el haber conservado la capacidad de amar que segun muchos, lo hacía mas fuerte que el mismo Voldemort si al final le tocaría llegar solo al final del camino?

Harry, en la niebla de su dolor, eligió no creer que Dumbledore suplicó a Severus Snape para que no lo matara. Debió tener una razón muy poderosa para confiar en él. No era ingenuo.

Harry quería respuestas, y juró encontrarlas a cualquier precio.

Nadie podia quitarle de la cabeza la idea de que el mismo decidió dejarse matar para que Severus Snape pudiera seguir siendo la espía.

Despues de todo, alguien vio Dumbledore y Snape discutir muy animadamente poco antes que todo eso ocurriera.

Él mismo Harry fue obligado a jurar que obedecería a todas sus ordenes, aun que no les encontrara sentido. Fue obligado a envenenarlo para que pudiera llegar al horcrux y aun que descubrieron demasiado tarde que el medallón era falso, Dumbledore siguió actuando como si eso no importara.

Debió tener un plan, y Harry decidió creer que los hilos de esa enmarañada telaraña seguirían tejiendose a su alrededor aun despues de su muerte. Algun dia, todo este dolor tendría un sentido. Antes de morir, la mirada de Dumbledore encontró la suya en una despedida y tal vez, en una muda disculpa.

“Perdoname por dejarte solo en eso... Harry.”

Horas mas tarde, en el funeral se horrorizó al descubrirse capaz de odiarlo por haberlo obligado a presenciar su muerte, paralizado debajo de su capa de la invisibilidad.

Y ese dia - como entonces - no pudo gritar todo el horror que sentía.

Despertando de su estupor, Harry vió que los objetos esparcidos por el cuarto flotaban a su alrededor estrellandose en las paredes, rebotando sobre los estantes.

Otro caso de Magia Accidental para el “eficientisimo” Ministerio de la Magia. En otro momento, hubiera temblado a la idea de que lo castigaran hechandolo del único lugar que alguna vez pudo llamar casa: Hogwarts. Pero sin la sabiduría y protección de Dumbledore, probablemente su amada escuela habría dejado de existir.

No podia decirse lo mismo del eficiente Oficina de Cancelación de la Magia Accidental... en efecto, unos segundos mas tarde, Harry vio cuatro buhos acercarse a la ventana tratando de llamar su atención y aun que reconoció entre ellos el de Ron, no se molestó en abrir para recibirlos. Ellos siguieron revoloteando cerca de la casa.

¡CRAC!

Harry levantó apenas la mirada. Una pequeña silueta apareció en el cuarto ahora en penumbras. Harry no se molestó siquiera en tomar la varita, hubiera reconocido el recien llegado a ojos cerrados.

El intruso hizo el amago de acercarse pero dió un respingo al percatarse de su aspecto.

Harry se levantó lentamente y no se molestó en darle la bienvenida. Sabía que Molly Weasley se desmayaría con solo verlo. No se bañó ni se preocupó de cambiarse por varios dias y su ropa arrugada y sucia colgaba de un cuerpo demacrato y pálido. Parecía un animal salvaje en su guarida.

“¿Harry Potter.... señor?”

“...”

Harry permaneció mudo. Se limitó a observarlo como si creyera que fuera solo una broma de su imaginación.

“Siento mucho verme obligado a molestarla señor... pero.... ¿Está usted enfermo?” - El pequeño elfo se acercó, incierto. - “Albus Dumbledore no hubiera querido verlo asi...”

“Así ¿como?”

“Como si no esperara otra cosa que dejarse morir.” - Respondió el elfo, endureciendo el tono de su voz. Harry lo miró asombrado.. él jamas le habia hablado en ese tono. - ¿Cuando fue la ultima vez que comió algo decente?”

“Eso no importa, Dobby.”

“Importa y mucho. Vine a hablar con usted, y necesito saber si está en condiciones de escucharme, porque de esta charla depende el futuro de mucha gente... incluido el suyo.”

“No me digas ¿otra profecía? ¿Hay otro señor oscuro en mi destino?”

“Mucho mas que eso. Puedo hacer que todo ese dolor tenga sentido.” Dijo Dobby con gravedad.

Harry abrió mucho los ojos. El elfo jamás usaba ese tono de voz. Esa nueva actitud, mas que su mirada lo convenció que tenía que escucharlo. Despues de todo, Dobby jamas hizo algo en contra de sus intereses, y Harry tenia una gran curiosidad para descubrir que pudo haber determinado un cambio tan radical en la actitud de su pequeño amigo.

“Tienes mi atención ahora. Por favor, sientate.”

El elfo sonrió. “Gracias, señor, pero no me quedaré por mucho tiempo. Necesito que me acompañe . Tengo que enseñarle algo. Ahora.”

“¿Adonde quieres llevarme?”

“Haremos un pequeño viaje, pero primero necesito que haga un pequeño corte en su mano izquierda.”

“¿Quieres mi sangre?” Dijo Harry, sorprendido.

“Siento mucho tener que pedirsela, pero es necesario, para que yo pueda llevarla conmigo.”

“¿Donde me llevarás?”

“No puedo revelarle nuestra destinación ahora. Solo le pido que confie en mi.”

“Sabes bien que lo hago, Dobby.”

“Si no lo creyera no estaría aqui. De esta fe, que yo agradezco profundamente, dependen muchas mas cosas de la que usted imagina.”

Sin mas, Harry se practicó un pequeño corte en el palmo de la mano con el cuchillo que le regaló Sirius, extendió la mano ensangrentada y Dobby la cubrió con la suya.

Las palmas se unieron y para el asombro de Harry, algo tomó forma entre sus manos unidas. La mirada de Dobby cambió de repente y él se dio cuenta que estaba llorando.

Sin haber tenido el tiempo de sorprenderse por la emotividad de su pequeño amigo, repentinamente, Harry sintió un mareo, cerró los ojos y hizo el amago de agarrarse a la mesa que estaba cerca de el con la mano que le quedaba libre. Pero cuando la extendió, la mesa no estaba mas.

Ni tampoco su cuarto.

 

HOGWARTS

Minerva McGonagall se encontraba sentada detras del escritorio que por muchos años fue ocupado por Albus Dumbledore, cuya presencia seguía llenando todo el lugar. El retrato del ahora fallecido director del colegio se encontraba frente a ella, durmiendo placidamente en un elegante sillón de cuero. La mujer aun no podía acostumbrarse a la idea de que hubiera fallecido de esa manera.

Una enorme responsabilidad cayó sobre sus hombros a la muerte del director, y no estaba segura de poder enfrentar todo lo que vendría de ahí en adelante. Los padres de los alumnos no dejarían que sus hijos volvieran a Hogwarts. La muerte de Dumbledore sembró el pánico entre todos ellos. Si el gran hechichero no fue capaz de preveer lo que el enemigo estaba tramando practicamente debajo de sus narices ¿como podrían confiarle la vida de sus hijos?

Escuchó un golpe seco y giró la cabeza para descubrir la fuente del ruido. Se sorprendió al reconocer a Hedwig, abrió la ventana y la dejó entrar, examinandola con cuidado en busca de algun mensaje. Pero no encontró nada. La lechuza abrió sus alas, nerviosa, picando el palmo de su mano. Minerva McGonagall entendió de inmediato que no se trataba de una buena señal.

Tomó un puñado de polvo flu y entró sin mas en la chimenea. – “¡GRIMMAULD PLACE NUMERO DOCE!”

Apareció en el salón de la residencia Black un instante después. Lupin y Moody se sobresaltaron al verla.

Minerva... ¿que...? Dijo Lupin, acercándose.

“Hedwig llegó hasta mi ventana hace un momento, no llevaba ningun mensaje y se veía bastante nerviosa. ¿Que fue lo último que supieron sobre Harry?”

“Hablé con Arabella Figg esta mañana; dice que estuvo vigilando la casa por todo este tiempo y aun que no volvio a ver a Harry en las últimas semanas, no detectó la presencia ni de mortifagos, ni de buhos. Nada de nada. Se que es raro que se quede tanto tiempo sin escribir, pero pensé que tal vez necesitaba estar solo.”

“Está pasando algo raro. No es normal que Potter se quede tanto tiempo aislado, sin salir a la calle. No me gusta. Acompañenme, por favor, quiero asegurarme que todo esté bien.”

 

Los tres aurores aparecieron en la calle oscura vestidos con ropa negra, se acercaron al Privet Drive n 4 mirando ansiosamente hacia la ventana de Harry Potter. La luz estaba apagada y Pigweon revoloteaba cerca de la ventana cerrada, notablemente excitado.

Moody tocó violentemente la puerta y algunos segundos después, la puerta se abrió dejando entrever el rostro asustado de la señora Petunia Dursley. “Buenas... t..noches.”

Dudley corrió a esconderse en su cuarto y Vernon se paró a lado de su mujer, con los brazos cruzados y los ojos fijos en el ojo mágico de Moody.

Lupin se sorprendió ante la actitud pasiva de los Dursley. Le pareció evidente que esperaban su visita, aun así decidió conservar la calma. “No parece sorprendidos de vernos.”

Ella se hizo a un lado para dejarlos pasar. Indicó la escalera que llevaba al cuarto de Harry.“Imaginé que vendrían, les aseguro que hicimos todo lo posible... pero él no quiso...”

“¿A que se refiere ¿QUE PASÓ CON HARRY?” Rugió Moody

Petunia se escondió detras de su marido. “Harry no quiso contarnos lo que lo tuvo asi todo este tiempo. Estuve tocando a su puerta por mas de tres horas para llevarle la bandeja con la comida y no me contestó.”

“¿Accaso no lo dejan comer con ustedes?” Aumentando exponencialmente el volumen de su voz, Moody puntó el ojo mágico sobre ella y Vernon.

Petunia pegó un grito y se alejó, subiendo mas a prisa por la escalera. “Desde que regresó de la escuela estuvo encerrado en su cuarto y salió solo para ir al baño. Se ha negado a comer y a hablar, pero se lo juro, cociné lo que mas le gustaba para hacer que reaccionara, pero no ha querído probar bocado. Se ve enfermo y pálido... no tenemos la culpa de eso.”

Ella se detuvo frente a la puerta y tocó. “Harry... tienes visitas.”

No hubo respuesta.

“¡HARRY!” Rugió Vernon. “¡Tu gente vino a buscarte!”

“¿Harry? ¡Nos estás asustando!”

Moody examinó la puerta “Es inútil, Remus... ¡Harry no está ahi!” Alarmado, Lupin sacó la varita magica del bolsillo y la puntó hacía la puerta. - “¡Alohmora!”

La puerta se abrió enseguida, pero lo que vieron les heló la sangre en las venas. Parecía que un huracán hubiera destrozado el cuarto. Todo estaba hecho pedazos. Sobras de comida por doquier, el baúl abierto y los libros esparcidos en el piso. En el marco de la ventana estaban cuatro rollos de pergamino sin abrir.

La capa de invisibilidad se encontraba abandonada a los pies de la cama. Lupin corrió hacia ella y la levantó. Era sagrada para Harry , verla tirada ahí lo convenció de que debía haber pasado algo muy grave, en ese cuarto. Sin embargo la sangre le llegó a los pies, cuando levantó el preciado indumento y se dió cuenta que debajo de ella se encontraba.... la varita del muchacho.

Lupin la levantó enseñandola a los demas. Moody y Minerva Mcgonagall palidecieron al darse cuenta de lo que eso significaba. En ese momento Remus vió algo que lo dejó sin habla: grandes manchas rojo oscuro salpicaban el piso y el escritorio de Harry.

“!SANGRE!” Gimió Petunia. “P...pero... ¿que pasó aqui?”

“¡Alguien atravesó la barrera que protegia Harry y lo secuestró!” Apretó mas fuerte la varita de Harry y la observó como si pudiera revelarle la verdad. “Sin su unica arma de defensa, se encuentra totalmente vulnerable.”

“Está herido... tal vez esté..”

“¡NO!” - Moody sacó su varita y la agitó frente a los tios de Harry que temblaban de pies a cabeza. - “No limpien el cuarto ni toquen nada. Volveremos muy pronto.. ¡y con refuerzos!” Ellos se limitaron a asentir, asustados.

“¡Lupin! ¡Convoca el Orden del Fenix y pide a Ronald Weasley que convoque el ED al completo ahora mismo! ¡no hay tiempo que perder!” - Los tres desaparecieron con un estruendoso ¡CRACK!

Petunia Dursley se alejó retrocediendo lentamente, la mirada fija en las manchas de sangre sobre el piso.

Descargar fic entero.



 


¿Mal ejemplo?

 
 

Cita:
'Ron, eres el ser más insensible que jamás he tenido la desgracia de conocer.'
Hermione Granger

 
 

VOCIFERADOR:
ola!!!weno pos st vociferador va ddicao a kr&-Cro, KrMnCiTa, BeA, CrIs, KaRoL, eLe & Marta...O.Q sois ThE BeSt 4EvEr Fr&3Nd$. !kIss muy muy FuErT a ToDs Jjj.

Fdo. An&k@

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